El pacto – José Braulio Vega – #HistoriasDeAndarPorCasa

martes, abril 21, 2020

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El pacto

Teníamos un pacto, o al menos eso pensábamos. Nuestros antepasados siempre nos explicaron que debíamos respetarlo, no sabían el motivo, pero así nos lo transmitieron. En nuestro tiempo se nos permitía todo, hacíamos cuanto queríamos, comíamos, viajábamos, descubríamos lugares insólitos y volábamos libres en jornadas infinitas. Aunque cada vez era más habitual que se lo saltasen, lo normal era que lo hicieran a nuestro favor… llegaban más tarde, ocupaban menos espacio, solo lo imprescindible para dormir unas horas y acicalarse. Nos creímos la ilusión de que nos adueñábamos del espacio, cada vez nos sentíamos más seguros, sentíamos que era más nuestro, en cada rincón había una parte de nosotros, habíamos llorado, reído, hecho el amor y disfrutado de fiestas interminables por toda la casa.

Pero hubo un día en el que el pacto se escindió de manera unilateral, ese día fue el que marcó el principio del fin. Ellos entraron y no volvieron a salir, abrieron ventanas, encendieron luces, invadieron nuestros espacios y nuestros recuerdos. Ocuparon todo, los lugares que nunca antes habían ocupado; cocina, oficina, salón, terraza… Se les veía felices, como nunca antes, aunque en ciertas ocasiones parecían agobiarse o entristecerse, sobre todo cuando escuchaban  no sé qué noticias por un aparato de sonido. Mientras, nosotros tuvimos que conformarnos con los lugares más oscuros, más negros y más incómodos. Comenzamos por los armarios, aprovechábamos cuando los abrían para escondernos, no sabíamos cómo podían reaccionar    con nosotros ya que nunca antes habíamos convivido tanto con ellos. Hubo un tiempo en el que, cuando ellos entraban en casa, nosotros dormíamos. Ahora todo era diferente, no salían casi nunca, la casa se llenó de olores extraños, sobre todo entre el baño y la cocina, y aunque cada vez íbamos perdiendo más terreno, intentábamos hacer nuestra resistencia particular, no podíamos darnos por derrotados tan fácilmente. Descubrimos nuevos lugares para ocultarnos, entre ellos, el más seguro era el espacio que estaba entre el inodoro, la pared y el suelo. Aprovechábamos los momentos en que ellos salían a la terraza, que afortunadamente eran bastantes, para poder expandirnos un poco… pero aún así, poco a poco se fue haciendo evidente que nuestra calidad de vida empeoraba, la falta de libertad estaba empezando a hacer mella en nuestra salud… Intentábamos adaptarnos a esta nueva situación, pero cada vez nos lo ponían más difícil.

Llegó un momento en el que, lo que nunca debía pasar, sucedió, uno de los nuestro cruzó la línea, sí, pico a uno de esos seres. Esa noche no dormimos, nos persiguieron por todos los rincones utilizando todo tipo de trampas, objetos e incluso gases para asfixiarnos. Finalizada la batalla, el daño fue menor de lo esperado, solo hubo una baja entre nuestras filas. Una vez repuestos, convocamos una asamblea para tomar una decisión definitiva. Después de largas horas de debate, decimos que nos marcharíamos, volaríamos a otro hogar, tendríamos  que buscar uno donde no hubiera seres de esos que se saltaran los pactos.

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